Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2025

Envidia Magna

Imagen
De haberme dedicado a escucharme, a escuchar de verdad a mi corazón, hoy Alejandría estaría envidiosa de la biblioteca que habría construido para ti sola. Un lugar pensado solo para ti. Un espacio donde pudieras perderte entre la fantasía y la realidad sin necesidad de elegir una sobre la otra. Un refugio. Un silencio compartido. Un lugar en el que siempre imaginé verte sentada, leyendo algo que no existía aún, pero que yo habría escrito solo para verte sonreír.

Via ignota

Es gracioso, ¿no? La forma en la que intento encontrarte caminando por lugares que sé que no sueles caminar. Tal vez sea un deseo mal formulado, una forma torpe de querer que algo sea distinto, que las cosas cambien sin importar la distancia. Y es que, maldita sea… ¿cómo puede ser que al ver mi reflejo solo vea a alguien parecido a mí? Alguien que viste como yo, que camina como yo, que se mueve igual… pero con la mirada clavada en el piso. Cuando antes caminaba erguido, unido a alguien, con un agarre firme en alguna de sus manos. Y sí, sigo (y seguiré)  visitando lugares inesperados. Con la cabeza fría, con el corazón helado, con un alma apagada que solo necesita una cosa: Una mirada a los ojos. Una conversación muda. Una sonrisa leve que lo diga todo sin decir nada. Mientras tú haces lo posible por reescribir tu historia, yo intento aprender a estar agradecido. Porque no fue fácil. Porque no es fácil. Porque no dejará de serlo. Solo espero que mi alma, agotada por esta densa capa ...

Mis Vicios

Dejo atrás mis vicios. Mi vicio de fumar, que creí haber dejado a un lado. Solo cambié un humo gris por un humo blanco. Mi vicio de video-jugar, que aunque parecía inofensivo, fue nocivo en más aspectos de los que en su momento acepté. Mi vicio de acercarme a ti. De abrazarte por la espalda, de perderme en tu cuello, de susurrarte lo que mi torrente sanguíneo me exigía decirte. Mi vicio de mirarte a los ojos y sentirme un hombre completo, capaz, decidido, como si en ti pudiera encontrar todas mis respuestas. Mi vicio de agradecer a Dios por ti, porque pensé que el infinito, en su caótico accionar, me había dado por fin un premio. Mi vicio de amarte. Porque aun extrañándote, sé que no volverás a mí de la misma manera en la que llegaste un día: libre, voluntaria, luminosa. Y… mi vicio de juzgarme. Porque incluso cuando estaba contigo, yo mismo no sabía acompañarme. Algunos de estos vicios los dejo por decisión propia, porque sé que me harán mejor. Otros los dejo por fuerza mayor, porque ...

El eco de lo que no entendí

Sé que antes estaba demasiado ansioso por demostrar algo. Y en ese afán, te ignoré. Ignoré cómo te sentías, qué necesitabas, qué te dolía. Hablé demasiado. Expliqué demasiado. Pero escuché muy poco. En este tiempo he pensado tanto… Y entiendo, por fin, que nunca llegué a comprenderte como merecías. Me confundí. Creí que estabas distante porque ya no me amabas, cuando en realidad estabas cansada. Cansada de mis torpezas, de mi ruido, de mi falta de calma. Tu silencio, tu frialdad… ahí ya estaba la respuesta, solo que yo no quise verla. Sea o no posible empezar de nuevo, quiero darte las gracias. Gracias por haber intentado mucho más de lo que yo supe ver. Gracias por sostenernos incluso cuando yo no sabía cómo hacerlo. Y si aún queda una mínima posibilidad, aunque sea pequeña como una chispa, la demostraré con mis acciones. No para recuperarte, sino para convertirme por fin en la persona que siempre quise ser cuando estaba contigo.

No te acabes, noche

Perdí mi estrella. Mi estrella adorada. Aquella que me daba guía, que me regalaba un norte cuando yo mismo había olvidado dónde estaba. Se fue detrás de una densa capa de nubes. En un instante. Tan solo un instante, después de una larga noche. Y temo… porque ya no puedo verla. No puedo sentirla. Esa calidez que yo mismo ignoré, ese brillo que fui apagando cuando la sostuve en mis manos sin saber conectar mi corazón con ella. Qué estúpido humano fui. Dejar ir un astro tan magnífico por decisiones pequeñas, sin sentido. Oh, bella estrella, sé que te escondes en ese mar de nubes. Quiero que sepas que ansío verte de nuevo. Ansío ser, otra vez, ese ser que guiado por tu calidez lograba que ambos estuviésemos bien. Felices. Y ahora, con tanto gris en el cielo, solo queda esperar: a que pase la tormenta o a que simplemente amanezca. No quiero dejar de verte, mi dulce estrella. No sabes cuánto te extraño.

Darius III

Imagen
Decir… Tengo tanto por decir. Más aún por hacer. Y mientras escribo esto, reconozco lo que durante años no fui capaz de aceptar en voz alta: tuve culpa, mucha, en tantas de las cosas que pasamos. Y por eso duele. Duele en un lugar que no sabía que existía hasta que te perdí. Porque yo quería ser tu todo, mientras tú eras, y sigues siendo, el resto de mi vida. Fui un cobarde contigo. No tuve las agallas para decirte que te amaba cuando mi corazón ya gritaba tu nombre. Esperé una década para atreverme a confesarte lo que en mí era inevitable. Una década. Y aun así, nunca me arrepentí de aquel día en que por fin te dije la verdad. La verdad que me había acompañado en silencio tanto tiempo. Siempre fuiste mi prioridad, pero mis acciones… mis acciones nunca estuvieron a la altura de lo que sentía. Pensaba una cosa, te decía otra y, peor aún, actuaba como alguien que no te merecía. Nunca supe demostrártelo desde el primer día. Me alejé con tu primer rechazo. Me escondí tras mi miedo. Me call...