Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2026

Dame un instante

La soledad es disfrutable hasta que te das cuenta que estás solo. No es un muy buen momento para estar conmigo. Mientras mi mirada, fija y perdida en el espacio, decide mirar la sombra que no está. Mis ojos se dedican a recordarme lo frágil que soy, hablando como ser humano. Por más que escucho voces de personas que simulan estar a mi alrededor  El vacío es tan inmenso que genera un precipicio, un espacio sin principio ni final  Y se vuelve hasta tentadora la idea de saber cuán lejos está el suelo  Y cuán cerca esta el fin. Malas ideas requieren solo un empujoncito;  de esas que no dan manera de regresar de ellas  una vez las escuchas, las moldeas, te apropias, la realizas.  Este instante, quiero por solo un instante, recordar que soy feliz.  Este instante, quiero que termine, que no vuelva a repetir.  Quiero eso, tan solo un instante. 

De Papel

Mi corazón está hecho de papel. No envuelto en papel. Hecho de papel. No es fino. No es delicado. Es arrugado. Tóxico, pero no para quien lo usa. Para mí. Se dobla con facilidad. Se marca. Se desgasta intentando proteger a quien lo sostiene. Y te miro volver atrás. Te miro fingir que no te hicieron daño. Te miro regresar al lugar donde no eras libre,  donde no eras nadie,  donde te moldeaban a conveniencia. Y entonces entiendo algo incómodo: Tal vez quien teme estar solo no soy yo. Le das otra oportunidad a quien te rompió. A quien abusó de tu amor. De tus vacíos. De tus traumas. Y prefieres eso antes que quedarte conmigo. Con algo estable. Con algo que no te aplastaba. Con algo que habría perdurado. Quizás te atrae la miseria conocida. La incertidumbre que te permite ser víctima. La narrativa donde siempre hay alguien más culpable. No quiero entenderlo. Pero duele. Te ofrecí mi alma hecha de arcilla. Un jarrón hueco, dispuesto a la espera de ti. Vacío, esperando que lo llenar...

Como aire húmedo antes de la tormenta

Estoy destinado a vagar solo por este mundo. He dejado de insistir en estar acompañado porque la soledad, al menos, no me decepciona. No puedo pretender que alguien sienta interés por mí con la misma intensidad con la que yo puedo enfocar mi atención en los demás. Me resulta más sencillo observar que ser observado, comprender que ser comprendido. Entre menos lo pienso, menos entiendo qué pretendo conmigo mismo. No sé qué deseo. No sé quién soy cuando nadie me está mirando. Y lo más inquietante: no sé cuán peligroso puede ser quedarme solo escuchándome. Mis palabras internas no son suaves. Son cortantes. Son crudas. Son mías. Intento recapacitar, reconstruirme, hacer inventario emocional. Pero siempre termino en el mismo lugar: inundado de oscuridad. Como si me abrazaran brasas frías. Como si manos invisibles me empujaran, lentamente, hacia un océano espeso de incertidumbre. Un océano lleno de criaturas fantásticas que intentan dar sentido a un concepto torcido que tengo sobre la vida, ...

Barvaria

Imagen
La noche en que encontraron el cuerpo de Julián Rivas, la fábrica no detuvo su producción. Las cintas transportadoras siguieron avanzando bajo la luz blanca y temblorosa; las botellas tintineaban como dientes castañeando en una boca metálica. En el sector de limpieza CIP, donde la  soda cáustica  corría por las tuberías para devorar residuos orgánicos, alguien notó primero el olor. No era exactamente carne quemada. Era algo más antiguo, más mineral. Julián había llegado a la planta cinco años atrás, poco después de la muerte de su hija. Nadie supo nunca los detalles. Algunos decían que fue una fiebre mal diagnosticada; otros, un accidente doméstico. Él jamás lo aclaró. Sólo comenzó a aceptar turnos dobles y a llevarse, con una displicencia que nadie cuestionaba, latas defectuosas que “no podían venderse”. Las ahogaba en su garganta como si cada sorbo pudiera llenar un hueco que no tenía fondo. Vivía en una casa húmeda a las afueras del pueblo, donde las paredes sudaban salitre...