Darius III
Tengo tanto por decir.
Más aún por hacer.
Y mientras escribo esto, reconozco lo que durante años no fui capaz de aceptar en voz alta:
tuve culpa, mucha, en tantas de las cosas que pasamos.
Y por eso duele.
Duele en un lugar que no sabía que existía hasta que te perdí.
Porque yo quería ser tu todo,
mientras tú eras, y sigues siendo, el resto de mi vida.
Fui un cobarde contigo.
No tuve las agallas para decirte que te amaba cuando mi corazón ya gritaba tu nombre.
Esperé una década para atreverme a confesarte lo que en mí era inevitable.
Una década.
Y aun así, nunca me arrepentí de aquel día en que por fin te dije la verdad.
La verdad que me había acompañado en silencio tanto tiempo.
Siempre fuiste mi prioridad,
pero mis acciones…
mis acciones nunca estuvieron a la altura de lo que sentía.
Pensaba una cosa, te decía otra
y, peor aún, actuaba como alguien que no te merecía.
Nunca supe demostrártelo desde el primer día.
Me alejé con tu primer rechazo.
Me escondí tras mi miedo.
Me callé cuando debía hablar.
Y hablé de más cuando debí quedarme en silencio.
Fui eso.
Soy eso.
Un cobarde que no supo amar a tiempo.
Siento que quizás no podré estar contigo,
que tal vez perdí a la persona que más he amado en esta vida.
No por falta de amor,
sino por falta de valentía.
Callé de más.
Hablé de más.
Lastimé cuando solo quería cuidar.
Contradije mis propios sentimientos con palabras que nunca debieron existir,
con actos que jamás representaron lo que eras para mí.
Y aun así, aquí estoy, escribiendo.
Escribiendo porque es lo único que me queda.
Escribiendo con el anhelo, uno honesto y casi infantil,
de poder acercarme a ti otra vez.
Te amo.
Con todo lo que soy.
Con todo lo que fui.
Con todo lo que me queda.
Con mi alma entera.
Este escrito no es una súplica, ni una excusa.
Es mi verdad.
Esa que siempre intenté darte,
pero que nunca supe entregar sin rompernos en el proceso.
Ojalá, algún día, esta verdad encuentre tus ojos sin herirte.
Ojalá encuentres en mis palabras aquello que mis actos no lograron mostrarte.
Ojalá pueda, de alguna manera, reconstruir el puente que mi miedo quemó.
Porque todavía creo en lo que fuimos.
Todavía creo en lo que pude ser contigo.
Todavía creo en ti.
Y aunque hoy me sienta roto, débil y solo,
aun así, te sigo amando como el primer día en que me descubrí capaz de amar a alguien.

Comentarios
Publicar un comentario