Como aire húmedo antes de la tormenta
He dejado de insistir en estar acompañado porque la soledad, al menos, no me decepciona.
No puedo pretender que alguien sienta interés por mí con la misma intensidad con la que yo puedo enfocar mi atención en los demás. Me resulta más sencillo observar que ser observado, comprender que ser comprendido.
Entre menos lo pienso, menos entiendo qué pretendo conmigo mismo.
No sé qué deseo.
No sé quién soy cuando nadie me está mirando.
Y lo más inquietante: no sé cuán peligroso puede ser quedarme solo escuchándome.
Mis palabras internas no son suaves.
Son cortantes.
Son crudas.
Son mías.
Intento recapacitar, reconstruirme, hacer inventario emocional. Pero siempre termino en el mismo lugar: inundado de oscuridad. Como si me abrazaran brasas frías. Como si manos invisibles me empujaran, lentamente, hacia un océano espeso de incertidumbre.
Un océano lleno de criaturas fantásticas que intentan dar sentido a un concepto torcido que tengo sobre la vida, la gente, el todo.
No quiero imaginarte conmigo.
No quiero que te acerques a esta arena movediza.
Solo quiero saber que existes.
Que respiras.
Que estás allá afuera.
Afuera de mi mente.
Necesito saber que el mundo no es solo una extensión de mis pensamientos.
Estoy cansado de entretenerme.
De ver borroso.
De darme ánimos artificiales.
Todo es tibio.
Sin filo.
Sin ganas.
Estoy cansado de pensar que puedo ser tanto una buena como una mala persona y no lograr decidir cuál soy.
Estoy cansado de pensar.
No sé cómo terminar este escrito.
Tal vez porque este no es un texto con cierre.
Tal vez porque esto no es un capítulo: es un estado.
Estoy suscrito a esta sensación de ahogo con el mismo aire que respiro.
Cuenta premium.
Sin botón de pausa.
Sin opción de cancelar.
Comentarios
Publicar un comentario