Serénada matutina
Éstos han sido días muy duros. Las horas me parecen años, la eternidad un martirio.
Hacerme con la idea de ser y volverme normal, ya no es sana. No es que quiera estar atrapado en estas circunstancias, es que lo que estoy viviendo es lo que necesito (tal vez) vivir.
Pero duele. Arde mi alma. Mi pecho no puede abarcar tanto. Y no hablemos de mi mente. Me gusta de cierto modo el tema de la felicidad. El concepto individual que trae consigo esa palabra. Pero fui feliz, estuve tranquilo, muy tranquilo; pues quería que estuviese conmigo lo que restaba de mi tal vez corta, pero llamada línea de vida.
No pretendo encontrarte en ningún lado, mucho menos en alguna otra persona. No pretendo tirarte al olvido, como tu has decidido hacerlo. Eres y serás siempre parte de mi. De mi mejor versión, de mi peor. El descenso de alguien quien alguna vez decidió brindar toda su alma, una vez más cae en un vacío que parece ser esta vez no tiene fondo.
No quiero ni pretendo quedarme así para siempre. Por más mal que las cosas hayan terminado, en parte es un inicio de vida que los dos de alguna manera necesitamos. Y se supone que debe ser una etapa feliz, cómoda, tranquila. Pero esta vez, por lo menos de mi lado, no tengo con quien compartirla. Me ahogo cada que respiro, me undo en el mar cuando antes solía caminar sobre él. No puedo decirle cómo me siento. No debería por qué seguir esperando palabras de aliento, de alguien que por más que amé, por más que amó, no quiere saber nada que sepa a mi.
No quedan más motivos por qué estar tristes, tampoco hay motivos para ser feliz. Es sólo ser. Ser. Cuán difícil y agobiante es esta palabra para mi. Porque fuiste mi todo. Ahora, aunque mi hilo de plata no lo quiera, una nada.
Te extraño. Me extraño. Quiero volver a ser cómo solía. Quiero volver a ser yo. Quiero volver a Ser.

Comentarios
Publicar un comentario